El colador de la pasta
El colador de la pasta es el nombre que le puse, pero en realidad el colador también me sirve para colar arroz, quinoa, lentejas, porotos y cualquier otra cosa que haya que colar. Últimamente también lo uso para colar granos de kéfir, aunque tiene los agujeros un poco grandes para eso y siempre tengo miedo a que se me escapen.
El colador es blanco y es de plástico. Es el segundo colador que uso con gusto en mi vida de ama de casa independiente y el tercero que llegó a mis armarios. Al segundo lo detesté siempre con toda mi alma porque era de acero inoxidable y muy pesado y además no entraba en la máquina de lavar platos. El primero era mi colador preferido pero tenía dos defectos. Para empezar, tenía una manija rota y la que le quedaba era demasiado frágil para sostenerlo bien. Además, era un poco chico y cuando había que cocinar pasta para mucha gente era un stress colarla porque se rebalsaba toda por los costados. Su mejor virtud era, por otro lado, que entraba en cualquier rincón del lavaplatos.
(Los recipientes demasiado pequeños en la cocina siempre son un factor de stress y los grandes son difíciles de manipular).
Este colador, como es de plástico, es liviano y más práctico que el segundo. Como no tiene manijas, también es mucho más robusto que el primero. Es lo bastante grande como para colar dos kilos de spaghetti, así que nunca me estresa cuando cocino pasta para muchos.
(También tengo una olla bien grande en la que se pueden hervir por lo menos dos kilos de spaghetti y no se imaginan la tranquilidad que me da eso).
Mi colador blanco de plástico mide 16 centímetros de alto y su diseño es casi perfecto. En lugar de patas, tiene un borde de un centímetro y medio de ancho que crea un espacio entre el fondo del colador y la superficie donde está apoyada y sirve para sostenerlo. En el fondo tiene 13 centímetros de diámetro. La abertura superior tiene un diámetro de 22 centímetros del lado de adentro y 26 del lado de afuera. Esta diferencia es porque al llegar a la parte de arriba es como si los bordes se plegaran para afuera. Ese borde es el que sirve para agarrarlo bien y resuelve de manera muy eficiente la falta de manijas.
Su característica más curiosa son las aberturas; tiene de dos tipos: agujeros y ranuras. Los agujeros están en el fondo y las ranuras en las paredes del costado. Tanto agujeros como ranuras tienen una estructura radial; parten de un círculo de 23 agujeros en el centro del fondo del colador. Desde ahí salen 4 círculos concéntricos de agujeros que terminan de cubrir todo el fondo del colador. Eso quiere decir que en el fondo del colador hay 115 agujeros. No parecen tantos, la verdad. Los agujeros son todos del mismo tamaño. Esto se descubre al mirarlos con muchísima atención, porque una especie de ilusión óptica hace pensar que los de afuera son más grandes que los de adentro. O al revés, no estoy del todo segura. A partir de los agujeros del último círculo, formando el sexto círculo concéntrico, salen las ranuras de las paredes, que también son 23. La combinación de agujeros y ranuras permite colar cosas chiquitas en poca cantidad y cosas grandes en gran cantidad.
(Tengo que decir que me perturba un poco que todo sea múltiplo de 23. No sólo porque los números primos siempre me resultaron bastante incómodos, sino porque además la primera vez que conté había contado 24 y me pareció una hermosa copia de un reloj de 24 horas).
En la parte de abajo, del lado de afuera, están todos los detalles informativos del colador. Está la marca y el nombre del diseñador. O de los diseñadores, porque son dos, con el mismo apellido. Me pregunto si serán hermanos o un matrimonio. También dice que el colador se diseñó en Suecia y se fabricó en Italia. Que aguanta hasta 100 grados Celsius o 212 grados Fahrenheit (esto está escrito con números y letras) y que se puede lavar en el lavavajillas (esto está dicho con un pictograma). Por supuesto, ya comprobé que se puede y además es muy fácil acomodarlo ahí. También hay otro dibujito que dice que el contacto de los alimentos con el colador es seguro, lo que me garantiza que no contamina mis fideos con sustancias tóxicas ni produce enfermedades.
¿Se merece unos intentos de haiku?
Redondo colador
blanco como la nieve
infinito
En el fondo del colador
Ravioles
Pétalos maduros
Un diseño armonioso
no perfecto
flor de veintitrés.